Calabaza, madera o acero: el material de tu mate cambia el sabor, el mantenimiento y hasta el ritual. No hay uno "mejor", hay uno mejor para vos. Te ayudamos a elegir.
El clásico de los clásicos. La calabaza "respira" y le aporta al mate ese sabor tradicional, redondo, que muchos consideran el auténtico. A cambio, pide cariño: hay que curarlo antes de usarlo y cuidarlo después.
Mejor sabor y experiencia más tradicional. Liviano y con personalidad propia: no hay dos iguales.
Necesita curado y cuidado constante (secarlo bien después de cada uso). Es el más delicado de los tres.
Cálido a la vista y al tacto, robusto y con mucho carácter. La madera también aporta su impronta al sabor y aguanta mejor los golpes que la calabaza. El algarrobo es de los más nobles.
Estético y resistente, con un sabor agradable. Más durable que la calabaza si lo cuidás.
Requiere un curado suave y odia el remojo prolongado y los cambios bruscos de temperatura, que pueden rajarlo.
La opción sin vueltas. No se cura, no se pudre y no altera el sabor de la yerba. Muchos modelos de acero son térmicos y mantienen la temperatura más tiempo. Ideal para la oficina, los viajes o para arrancar.
Cero mantenimiento, prácticamente irrompible y muy higiénico. Perfecto para principiantes.
El sabor es más "neutro": no suma esa impronta natural de la calabaza o la madera.
